“Los trabajadores textiles existimos y queremos que nos vean”


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Desde la organización puntualizan que en la pandemia profundizó la crisis con especulación económica sobre un insumo esencial, desabastecimiento y encarecimiento de precios para la población y falta del trabajo para el sector de trabajadores y trabajadoras que viven al día.

“A nosotros nos pagan entre tres y siete pesos por coser barbijos que después son vendidos a 50 pesos o más, y ahora, a algunos, no nos han pagado porque las empresas nos dicen que no están pudiendo venderlos”, indica Erick, costurero de Berisso, y agrega “los trabajadores textiles existimos y queremos que nos vean”.

Como consecuencia de esta situación, un costurero o una costurera tendría que trabajar más de 10 u 11 horas diarias para apenas alcanzar la canasta básica, sin reconocimiento de su trabajo y sin derechos laborales.

Durante la pandemia, la fabricación de indumentaria de vestir se frenó completamente y la producción se centró fundamentalmente en la confección de los insumos sanitarios necesarios para poder prevenir el contagio de Covid-19 de los y las trabajadoras de la salud y de toda la sociedad.

Reivindicando el lema “la casa para habitar, el polo para trabajar” e intentando revertir la situación de desigualdad dentro del sector textil, donde unos pocos ganan mucho, a costa del trabajo en malas condiciones de miles de costureros y costureras.