Estrella Negra: El logro de construir realismo vivificando una metáfora


dudati

El día jueves por la tardecita, tuve el enorme privilegio de verme sumergido en las arenas movedizas, del movilizante Director Teatral Omar Sanches. La macro y micro poetica de este estéta del teatro político platense. Su actriz metiche, Margarita Gauthier, entrega su empírico instrumento acotral, a modo de inmolación cristológica, superando todas las barras de la entrega de un actor al servicio del convívio diagonalesco. La puesta, nos brinda el plaer óptico auditivo, de tres personajes en una sola actriz. Conviven en ella la jóven que padece las múltipes anomalias del Ricardo III de Shakespeare, pero con una vuelta de tuerca de ese personaje, llevándolo a una metaforfisicación insectivra, que lo transforma en una paradoja antitética en el arte de teatral, como diría el maestro CaRtooun. Linkea asombrosamente lo construido, en el otro personaje, vivicando con ientico impacto las carencias motrices, prengando las polifacéticas posturas de la nueva criatura.

Contextualiza vigorosamente una Frigida Caló, a modo de pincelada de huevo batido sobre la cruda masa de tarta de la vida. Artista atormetada, sufriendo las vicisitudes de su hermano Antonio, sindicalista comprometido de la Unión Obrera Metalúrgica. Y aplicando de manera consecutiva y ruptutiva a la vez (trabajo solo comparable al desdoblamiento de Beatriz Taibo en “Me llaman Gorriön) arriba, como soplo insistente del viento sobre las doradas hojas otoñanles, a esa prima donna operistica, linkiando asombrosamente la construccion, con un cuerpo tierra, que se ilumina con la reminiscencia insectivora, del multicolor batracio del poema Novarrico. La sombra y presencia del Simon Bolívar, como un Yavhe del antiguo testamento, con su citatorial impronta  modo micropoético del cruel Padre del organito discepoleano. Maravilloso rol de una actor extraordinarimente generoso como Blas Arreciegor, en su rol de Chumbo, el pequeño hijo malogrado, que plasma diria el profesor Val Hennsigg, la micropoetica insectivora, proponiendo un cuerpo estilo bicho canasto. La música incidental, de los madrigales britanicos de la edad media, situacionaliza a la puesta en un marco de fiesta hilarante, de la vieja Comedia del arte. Omar Faína, continúa teatrando reinventado un sendero, que pese a transitarlo cual peregrino lujanesco, no deja de tentarnos a cocochear en su amplios dorsales atlascos. Viva el teatro .